EL CIELO NO PODÍA ESPERAR?

 Huérfano a los 60 años. Soy un huérfano viejo para llorar. Soy un viejo melancólico, juntando de a uno sus propios pedazos. Pasaron un año y once días. Si, desde que murió papá. Hace una semana, falleció mi vieja. La Vida es un volcán continúo que escupe sensaciones y estímulos. Amortiguas el golpe y seguís adelante. O algo así. El eterno retorno? Ella me crió. Me alimentó, me educó. En sus últimos días yo le daba de comer lentamente. De beber de a sorbos. Cubría sus brazos, le preguntaba si tenía frío o calor. Le contaba mi día. Besaba sus manos. La sensación de bienestar era compartida. Pero los hijos somos egoístas. Queremos esas cataratas de calor maternal eternamente, sin aceptar la finitud. Las manos de mamá curaban todo. Dolor, agotamiento y desesperanzas. Mi viejita apenas podía llevarse una taza a la boca, pero siempre me repetía "Pobre gente la que no tiene nada". Ella agradecía todos los días tener techo, comida y a su familia. Su sencillez era devastadora. Mamá me marcó a fuego, con un simple atizador de valores. Nada escrito. Mucho menos frases barrocas. 

Siempre hay más para mejorar. Mejor oveja negra sola, que blanca acompañada hasta la boca del lobo. Naciste para 10. 

No me lo pedía, pero en su mirada se sostenía el mandato. Y cuando se logra, no se festeja delante del que no lo consiguió. La soberbia y la pedantería son despreciables. El dinero no es el objetivo. Quebrado, enfermo o vapuleado, se sigue adelante sin pedir favores, créditos o disculpas. Sólo vale lo que se consigue con trabajo, entre la tormenta y la fatiga. No hay perdón en la traición. 

Una mirada de mi vieja, completaba una biblioteca de interpretaciones en varios idiomas. 

Finales de los 60´. Mamá trabajaba en el kiosco, que tenían mis tíos, adentro del colegio privado que estaba a una cuadra de casa. Yo tenía menos de tres años y pidió permiso para que pudiera asistir al jardín de infantes. Se lo dieron. A la semana me abrí un tajo en la nariz y otro en la sien. No eran épocas de Prepagas y Urgencias de ambulancias privadas. Me cargó al hombro y me llevó al médico más cercano para que me cosieran. Cuando entré en la adolescencia, hubo otros resbalones más complicados. Pobre mi madre querida, cuantos disgustos le he dado.

Cosmos y Caos. En los 80' decía Carl Sagan, que había 400 mil millones de soles. Ahora hay 400 mil dos. Los viejos están ahí, alumbrando en el medio del Caos para que no pierda mi camino al Cosmos.

Ahora estoy apresado entre dos sensaciones. Pude haber hecho más? Cuidarte obsesivamente, era por el egoísmo de no aceptar lo irremediable?

Estoy agotado. Hace mil años atrás busqué la respuesta en la filosofía. Ahí no estaba. Quería cerrar un trato con Dios. No estaba en los templos. Tampoco en los libros. Dios estaba en las manos de mi madre. Cuando yo tenía fiebre, ella me acercaba un paño frío y todo volvía a la normalidad. Que pretendía acordar con Dios? Que para toda la vida, cada vez que llegaba el Caos, pudiera sentir sus manos en mi afiebrada mente. Pero no hay destinos certificados. No hay pactos, no hay eternidad para los momentos felices. En los salones freudianos te dicen que madurar es aceptar. Pero cómo? Cómo voy a aceptar el egoísmo de Dios? Por qué te llevaste a mis ángeles? Cuántos más necesitas de tu lado? Si la Tragedia continúa. Ahora no te busco más. Le rezo a ellos dos. Sé que en El Infinito, el tiempo es Nada. Entonces, por qué no me diste un día más con ella? Un beso más? Por qué no sentir sus manos una última eterna vez? El Cielo no podía esperar?



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